lunes, junio 01, 2009

Derrotas

    Derrotas

Nadal cae ante  Robin Söderling en Roland Garros en 2009

    La vida se compone sobre todo de derrotas y alguna que otra victoria. Las mieles de la victoria duran poco (son un tanto irreales y ficticias; y se disipan con tanta celeridad como los vapores etílicos de una ligera borrachera). Las derrotas en cambio son profundas e hirientes. Nos dejan maltrechos y nos minan la autoestima. Duran muchísimo más y, su recuerdo, nos produce desagradables punzadas.
    Ayer perdió mi ídolo, Rafael Nadal Parera, y sentí la derrota como propia. Tanta es mi pasión por este deportista que mis hijas lo consideran como un hermano más. Ayer, a pesar de que luchó y luchó no le acompañó el juego; jugó nervioso y mal. Él lo reconoció, pues suele ser muy crítico consigo mismo, una de sus principales virtudes junto a la de la humildad y el duro trabajo cotidiano. Los deportistas son dioses con pies de barro; lo fue Induráin, otro de mis ídolos. Induráin nunca me defraudó, aunque perdiera aquel sexto tour. Tampoco me ha defraudado Nadal, aunque me han dolido sus derrotas. Espero -eso sí- que siempre conserve las virtudes que le han hecho grande: el fair play (juego limpio), la autocrítica, la humildad y el duro trabajo. Es mucho más difícil saber perder que saber ganar, aunque ambas cosas son extraordinariamente difíciles: cómo vencer sin envanecerse; cómo perder con elegancia, reconociendo el mérito del rival: toda una escuela para la vida. Nadal nos ha demostrado dominar ambas cosas. Por eso le admiro y le apoyo.




viernes, abril 10, 2009

Viernes Santo

Viernes Santo

Iglesia de Cubillas de los Oteros

    Mis recuerdos de la Semana Santa se centran en la adolescencia, cuando vivía en Gigosos de los Oteros. Asistía, junto a los chavales de mi edad, a los oficios que se celebraban en la iglesia de Cubillas. Eran a hora temprana de la tarde, por lo que había que comer pronto y presentarse puntuales. Allí nos esperaba don Joaquín, el cura, con unos monaguillos revestidos de unos hábitos de color rojo con el cuello blanco. Los santos de la iglesia estaban tapados con mantos de color morado. No se podía tocar las campanas por lo que, a la hora de avisar a los fieles para que fueran a la procesión, los chicos recorríamos el pueblo con matracas y carracas. Aun teníamos tiempo de pasarnos por el bar de Cayo o el de Bernardino para tomarnos unas paciencias y un güisky (una especie de jarabe dulzón de color fresa o parecido al vino blanco). Luego venía la subasta del Cristo que encabezaba la procesión, y que tenía el privilegio de procesionarlo el mejor postor. Acompañaban al sacerdote las autoridades y, al oscurecer, se iniciaba el recorrido por las calles del pueblo, entonando El Rosario de la Buena Muerte 👉. Durante el trayecto, a veces los mozos se desmadraban, lo que provocaba el disgusto de don Joaquín, quien de vuelta a la iglesia, se lo recriminaba. Aquéllos tenían la querencia de subirse al coro, desde donde algunos entonaban estentóreamente Viernes Santo, qué dolor... 👉 Viernes Santo, qué dolor... (otra versión) 👉 lo que volvía a disgustar profundamente a don Joaquín...



viernes, febrero 06, 2009

Viajar

Viajar


    Cuando llevamos mucho tiempo encerrados en un mismo lugar, una misma ciudad, viendo y hablando con la misma gente, transitando por los mismas calles, frecuentando los mismos edificios, ansiamos cambiar de aires (aunque sólo sea ir al pueblo a dar una vuelta). Viajar nos activa la adrenalina, nos despierta los sentidos y el optimismo preside nuestro ánimo.
    Siempre esperamos algo nuevo de un viaje; quizá que nos ocurra algo maravilloso, inesperado, fantástico. Los campos que cruzamos veloces, las personas que vemos, los monumentos que visitamos nos parecen singulares, encantadores, preciosos. Las jornadas resultan plenas, agotadoras, felices. Los alimentos sabrosos, suculentos, deliciosos. Apreciamos la bondad de la gente y nos acucian las ganas de aprender nuevas cosas. Nos hacemos más tolerantes y comprensivos. Más comunicativos y menos intransigentes. Valoramos lo bueno de los otros y restamos mezquindad a nuestros actos. Viajar, en suma, nos ilustra, nos relaja y saca lo mejor de nosotros. Viajar siempre merece la pena.


jueves, enero 01, 2009

Tiempo

   Tiempo

Madre Teresa de Calcuta

    Tiempo es una palabra muy usada. Raro es el día que no la oímos nombrar varias veces, la mayoría de ellas referida al tiempo atmosférico. Pero hoy -día de Año Nuevo- no quiero referirme al tiempo que hace (la niebla se cierne sobre la ciudad), sino al paso del tiempo, como algo inmaterial que sentimos que se nos escurre de las manos. He sido siempre lector de periódicos (es uno de mis placeres favoritos) y, en especial, de algunos columnistas. De adolescente me gustaba leer la columna de Gaytán ("El reloj de los días") y, posteriormente, la de Umbral ("Los placeres y los días"). Las dos -crónicas de actualidad- aludían al paso inexorable y acelerado del tiempo, que apenas podía fijarse un instante.
    A medida que nos hacemos mayores -estamos hechos de tiempo- parece que se acelera su paso (también, es una medida subjetiva: de pequeños, se nos hacían eternos los días) y tomamos conciencia de su finitud. Por eso, queremos vivirlo con intensidad; aprovecharlo al máximo; no derrocharlo en vanas ilusiones. Nos centramos en aquellas actividades significativas abandonando otras que consideramos una pérdida de tiempo. El tiempo ahora es el valor más preciado y no queremos desperdiciarlo en modo alguno. No sabemos de cuánto vamos a disponer ni qué circunstancias lo van a condicionar. Como aquellos corredores que quieren alcanzar la meta, no nos distraemos en cosas vanas que impidan alcanzar el objetivo.   
    Quizá, a los ojos de los demás, nos volvemos raros y huraños, tan centrados como estamos en no dejar escapar el menor instante de felicidad. No obstante, algunos valores deberían ser innegociables: la amistad, como sentimiento e intercambio generoso y leal de vivencias; la solidaridad con los que sufren, con los que carecen de lo elemental; la condena sin paliativos de los tiranos y explotadores. No podemos vivir única y exclusivamente para nosotros mismos: necesitamos de los demás y los demás necesitan de nosotros.
    ¡Feliz Año Nuevo! (Por cierto, en este preciso instante, el sol amaga con salir y la niebla con retirarse).


lunes, agosto 18, 2008

Nadal

Nadal

Nadal consigue la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008

    Hoy, Rafael Nadal, sin duda el más importante y carismático de los tenistas españoles de todos los tiempos, ha alcanzado el número 1, según la clasificación de la ATP (Asociación de Tenis Profesional). Vivo con tanta pasión (y sufrimiento) los partidos individuales de Nadal, que muchas veces prefiero no saber que juega y enterarme de sus triunfos (y, sobre todo, derrotas) por la escueta información de los noticiarios. Es verdad que, luego, sus triunfos me compensan con una enorme alegría y satisfacción, aunque sus derrotas me hunden en el pesimismo y hasta me quitan el sueño.
    Nadal pone tanta profesionalidad, intensidad y dramatismo a su tenis que a los espectadores nos mantiene en ascuas. Es como si en cada punto se jugara la vida. Es cierto que abonarse a la hinchada de Nadal es bastante gratificante, pues sabemos que es un jugador a quien nunca gusta perder. Su obstinación, su firme determinación, el nunca darse por vencido, desanima a sus rivales hasta el punto de hacerles desistir de la victoria aun cuando las circunstancias les favorezcan. Así pasó con el suizo Federer en Wimbledon, y con el serbio Djokovic y el chileno González en los Juegos Olímpicos de Pekín, donde Nadal consiguió, con todo merecimiento, la primera medalla de oro para el tenis español. ¡Viva Nadal!



lunes, abril 28, 2008

Excesos

Excesos 

Juego sucio
  Temo y detesto los comportamientos excesivos. En el terreno deportivo, lo manifiestan esos hinchas más papistas que el Papa, que cuando gana su equipo o triunfa su deportista preferido no dudan en mostrar su mala educación menospreciando o insultando a los rivales, o exhibiendo pancartas de mal gusto o apropiándose partidariamente de símbolos que a todos pertenecen. 
    Eufemísticamente, algunos llaman a esos hinchas apasionados, devaluando un término tan hermoso, cuando, en realidad, y en el mejor de los casos, son unos mal educados de tomo y lomo. Así que el deporte, que debería ser la expresión más noble y hermosa del ser humano, concita los instintos más innobles y bajos de las personas; ¿por qué este envilecimiento? En el deporte, tal y como se entiende ahora, no vale el aforismo "el fin no justifica los medios", sino todo lo contrario: lo importante es ganar con cualquier medio (incluidos los de esos deportistas tramposos que fingen faltas o lesiones inexistentes para dar ventaja a su equipo) y a cualquier precio. Quizá algunos piensen que todo está justificado y amortizado por los astronómicos salarios que perciben los deportistas de élite (no los modestos) y el gran circo mediático (como se dice ahora) que se monta en torno a ciertos deportes de masas. Yo opino lo contrario: ninguno de esos excesos es justificable ni favorece al deporte.



sábado, abril 05, 2008

Lorenzo Miguel Gorostiaga Marcos



Lorenzo Miguel Gorostiaga Marcos


      Lorenzo y yo somos amigos desde que éramos adolescentes. Cuando nos llegó la hora de emanciparnos de nuestros padres y ganarnos el propio sustento, seguimos siendo amigos. Mención especial merece un mes de agosto de los años setenta, no recuerdo el año exacto, en que nos reunimos en La Coruña los tres amigos de Cubillas de los Oteros: Lorenzo, Fernando y yo, invitados por el primero de los citados. Entonces Lorenzo trabajaba como profesor en la mítica academia Séneca, conocida como  La Checa👉 por su dureza con el alumnado.
    Cuando nos casamos y tuvimos retoños, un verano fuimos a Galicia de vacaciones las dos familias juntas, compartiendo una casa de alquiler en Portonovo 👉. En fin, que nunca hemos perdido la chispa de la amistad. Una vez jubilado, a Lorenzo, locutor de profesión, le llegó la hora de  dedicarse en cuerpo y alma a sus dos vocaciones artísticas: la literatura y la pintura. En ambas artes ha destacado con dos libros de poesía ("Huellas y recuerdos de los Oteros" 👉y "El canto sublimado" 👉) y como retratista y paisajista.