lunes, agosto 17, 2026

Pasó el eclipse


Esta foto y el resto de las fotos que figuran en esta entrada fueron capturadas por Pedro Mendoza Rodríguez en una cuesta de Las Matillas, un paraje de Cubillas de los Oteros

     El eclipse total ha sido, junto al Campeonato Mundial de Fútbol, el gran acontecimiento del verano. Fuimos a verlo a una cuesta de Las Matillas, un paraje de Cubillas de los Oteros cercano al pueblo. Además del personal local, hubo un nutrido grupo de franceses, ubicados en una tierra que un vecino les prestó o alquiló, provistos de telescopios y otros artilugios para observarlo mejor, que no confraternizaron precisamente con los autóctonos, todo lo contrario: al parecer, uno de los galos se enzarzó con otro de aquí, al que pretendía impedir la libre circulación por la parcela alquilada. Menos mal que la cosa no pasó a mayores. Después del incidente, la mujer del fogoso pariente de Obélix, la cual hablaba perfectamente español, según nos contaron, quiso pedir disculpas al autóctono, pero no pudo pedírselas porque éste ya se había ido del lugar. Y es que los franchutes venían a lo que venían y no entraba en sus planes socializar con los lugareños. Aparte de esta pequeña anécdota, el eclipse dejó su huella, antes, durante y después de su aparición.

    Hablo por mí, claro. Antes de aparecer, a mí me preocupó en exceso mi salud ocular, según pude comprobar luego. Y es que, durante la fase de ocultación total del sol, que según el folleto elaborado por el Ayuntamiento de Cubillas de los Oteros, se podía observarlo sin gafas de protección, yo no me atreví a mirarlo o lo miré un instante por equivocación, al quitarme las gafas instintivamente, ya que con ellas puestas no se veía nada. Y todo ello por culpa de una palabra: fóvea, que hasta lo del eclipse no había oído en mi vida. Según el oftalmólogo Carlos Plaza, de la Clínica LeonOcular, en una entrevista concedida a Diario de León el pasado 8 de agosto, no era aconsejable quitarse las gafas en ningún momento del eclipse, pues “cuando se forma el llamado anillo de diamante, disminuye el deslumbramiento y resulta más fácil mantener la mirada (…). En estas condiciones, si la pupila llega a dilatarse unos 7 milímetros, el aumento de la temperatura foveal es en torno a 22ºC, muy por encima del umbral de fotocoagulación de 10ºC”. Menudas palabras para un aprensivo. Así que, aunque, por ignorancia del lenguaje técnico empleado, no entendí casi nada (o lo entendí mal) de los argumentos que supuestamente sostenían y daban validez a tal recomendación, la seguí al pie de la letra -¡a ver si por unos segundos de éxtasis me quedo semiciego para el resto de mi vida!-, con lo cual me perdí esa fase de ocultación total del sol por la luna, lo mejor de todo, según algunos testimonios de quienes sí se atrevieron a observarlo.


    Nada más pasar el eclipse reflexioné: ¿hice el canelo privándome de contemplar tan maravilloso espectáculo? ¿Mi comportamiento fue exageradamente pusilánime? En esas primeras horas después del eclipse pensaba que tal vez sí me había excedido de prudente y temeroso y me quedaron pesares. Cuando escribo esto -transcurridos tres días del magno acontecimiento y con el ánimo más sosegado- pienso que el no haberme arriesgado tiene una sola compensación: la tranquilidad que da saber que no puse en riesgo mi fóvea -ay, la fóvea-. Para compensar por lo no visto e irremediablemente perdido, Pedro Mendoza Rodríguez tuvo la amabilidad de enviarme algunas de sus maravillosas fotos del eclipse que yo le había solicitado. Y es que, como suele decirse, el que no se consuela es porque no quiere.











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martes, julio 21, 2026

Mikel Merino, el héroe discreto

El futbolista internacional Mikel Merino

Hoy, 20 de julio de 2026, estamos con resaca, plácida y reconfortante, eso sí, porque la selección española de fútbol ha ganado su segundo Campeonato Mundial. Ahí es nada. Si el primero, logrado en Sudáfrica, fue una explosión colectiva de júbilo, éste no se ha quedado atrás: de ello son testigos las ciudades y pueblos de España entera. Este gran logro nos sitúa en la élite del fútbol mundial junto a selecciones de tanto pedigrí como las de Brasil, Alemania, Italia o Francia. De los jugadores españoles, han destacado por méritos propios Rodri, nuestro capitán Balón de Oro, Unai Simón, el portero menos goleado, y Pau Cubarsí, el mejor de los jugadores jóvenes. Aunque ha sido el equipo el más valioso baluarte. Un conjunto pétreo, compenetrado, solidario, que se ha desempeñado con criterio y gallardía, sin descomponerse ante las tarascadas y juego sucio del adversario. Con madurez y un objetivo claro: ganar el Mundial. Luis de la Fuente, el seleccionador, trazó un plan de juego innegociable y los jugadores lo pusieron en práctica sin titubeos, sin concesiones a divismos individuales. Nada ni nadie estuvo por encima del equipo: todos sabían su papel y lo desempeñaron a la perfección. 


Sin embargo, quiero destacar a mi héroe particular, Mikel Merino, un suplente de lujo, humilde y discreto, quizá un poco infravalorado. Marcó goles decisivos ante Bélgica y Portugal que valieron la superación de sendas eliminatorias. Y también, según mi criterio, desempeñó un papel crucial en la final frente a Argentina. Es verdad que se le escapó un gol cantado cuando, por escasos centímetros, erró un cabezazo con el Dibu Martínez batido: la gloria estaba reservada a Ferrán Torres. Pero supo resarcirse de ese fallo cuando, en los minutos finales de la prórroga, con el equipo argentino volcado a la desesperada en el área española, interceptó con su rostro un disparo envenenado de Leo Messi dirigido como un misil a la escuadra, lejos del alcance de Unai. Merino cayó al césped conmocionado y tuvo que recibir asistencia médica. Pero su gesto, pleno de entrega y gallardía, evitó probablemente tener que dirimir el Campeonato en la tanda de penaltis, en la que los argentinos son consumados maestros. 


El pitido final, con el triunfo inconmensurable logrado por España, que nos llena de alegría y orgullo a los españoles. Y de agradecimiento a ese héroe discreto que prefirió que le partiesen la cara antes que permitir el empate de Argentina.