jueves, febrero 22, 2007

El habla de un bravo del siglo XVII

El habla de un bravo del siglo XVII

Arturo Pérez Reverte

    Comentario sobre el discurso de entrada en la Real Academia Española de la Lengua de Arturo Pérez Reverte, titulado El habla de un bravo del siglo XVII.
    El autor de El capitán Alatriste, nacido en 1.951 en Cartagena, elabora un discurso original e impactante. Trata de las andanzas de un bravo, un valentón, del siglo XVII, cuya lengua es el habla de las germanías “esa lengua marginal, paralela a la general y en continua interacción con ella, que ha evolucionado con el tiempo para conservar su utilidad hermética; y que hoy es lo que algunos llamamos golfaray: el argot de los delincuentes y de las cárceles”. 
    Antes de entrar en materia (nobleza obliga), Arturo Pérez Reverte glosa los méritos de su antecesor en el sillón de la letra T, don Manuel Alvar.
    Arturo Pérez Reverte nos cuenta un día de la vida de un bravo, un valentón, un chulo sin escrúpulos, vividor donde los haya, desde que se levanta hasta que sale de un garito, desplumado y malhumorado, lanzando bravatas a los tahúres que le han pelado. Entre medias, este rufián amoral, se ha marchado de una tasca sin pagar lo bebido y comido y ha amenazado a una de sus tres coimas (prostitutas que trabajan para él) con “cruzarle con un tajo esa bonita cara” por no entregarle suficiente dinero. A pesar de su deplorable proceder, en el hampón se adivinan ciertos rasgos caballerescos, un cierto arrojo y valentía; un código de conducta leal a una forma de ser y de vivir.
    Por otro lado, es asombrosa la riqueza de términos y expresiones que maneja el autor de La tabla de Flandes, quien se ha documentado concienzudamente, recurriendo a autores de la época como Lope o Quevedo, o a estudiosos o eruditos en esta materia. Hay términos usados en el Siglo XVI y XVII –por ejemplo, trena (cárcel)- todavía usados hoy en el argot carcelario –el golfaray, ya citado-.
    Arturo Pérez Reverte, profundo conocedor de las flaquezas humanas, no en vano fue corresponsal de guerra entre 1973 y 1994, impregna su relato de cierta amargura y escepticismo. Crítico mordaz, no se anda por las ramas cuando tiene que llamar a las cosas por su nombre. Ni complaciente con el poder ni proclive a la adulación, el autor de El club Dumas, es, a su manera, un caballero andante, nostálgico de una época esplendorosa de la historia de España, deudora de unos héroes muertos de hambre, desharrapados y amorales, pero llenos de arrojo y braveza.
    En cuanto al estilo, Arturo Pérez Reverte es claro y conciso: «Mi único secreto es muy simple y está al alcance de cualquiera: planteamiento, nudo, desenlace, las comas en su sitio, y sujeto, verbo y predicado». Para el lector, es una delicia leerle: su prosa es sobria, prieta y vigorosa. Sabe, como nadie, dotar a sus relatos de un ritmo acompasado que va en aumento a medida que se acerca el desenlace de los acontecimientos.




miércoles, enero 17, 2007

El tiempo está loco, loco...

El tiempo está loco, loco...

Oso polar 

    Lo menos que podemos decir es que estamos confundidos con el clima. Parece que en Rusia los osos no se aclaran si deben ir a hibernar o quedarse a esperar a que el tiempo empeore. Las pobres liebres siberianas que cambiaron su pelaje castaño por otro blanco, más acorde con el paisaje invernal, son ahora presa fácil de sus depredadores. Los rusos, con temperaturas de alrededor de los cero grados, se deprimen porque los inviernos ya no son lo que eran. En Centroeuropa no nieva. Aquí tampoco. ¿Qué está pasando? ¿Es que el cambio climático tan anunciado (y tan temido) está ya vigente? ¿O es solamente un fenómeno natural que, de vez en cuando, se produce sin mayores contratiempos? La verdad es que no sabemos nada. Sólo intuimos que las tremendas agresiones que infligimos los humanos al medio ambiente no han de quedar impunes y la Naturaleza sabrá cobrarse su venganza con réditos generosos. Ese es nuestro justificado temor. Pero esto no ha de amilanarnos. Seguiremos erre que erre dilapidando preciosos recursos naturales con la estúpida arrogancia que nos caracteriza. ¿Somos realmente los humanos los seres más inteligentes del planeta? Yo lo dudo muy frecuentemente.


domingo, diciembre 31, 2006

La sinrazón

La sinrazón

Atentado de ETA en Barajas el 31 de diciembre de 2006
    ETA acaba de atentar de nuevo en Madrid. Aparte de cuantiosos daños materiales, ha quitado la vida (según todas las probabilidades) a dos ciudadanos españoles de origen ecuatoriano. Ha causado más dolor y, lo que es peor, más división entre los demócratas. ETA no tiene ninguna razón para hacer lo que hace y los demócratas divididos no tienen derecho a dividir y confundir a los ciudadanos. 
    Por desgracia, algunos demócratas encuentran razones para atacar al Gobierno por el atentado de ETA en lugar de unírsele en el repudio del mismo. No es de recibo. El único culpable es ETA y a esta banda terrorista es a la que hay que responsabilizar por todos y cada uno de sus ya innumerables crímenes. En esto tenemos que estar unidos todos los amantes de la libertad, la justicia y la paz. No hay derecho a que una banda de mafiosos, incapaces de convivir en democracia (defendiendo sus ideas en el parlamento), nos roben la ilusión y la esperanza. Es a ellos a los que hay que pedir cuentas y no al Gobierno, a pesar de su ingenuidad o sus posibles errores. Hoy, día de Nochevieja, es un día triste. ¡Qué miserables los terroristas!


jueves, diciembre 14, 2006

Opiniones respetables

    Opiniones respetables


El filósofo Fernando Savater

    Últimamente, me he hecho un forofo de las tertulias radiofónicas, especialmente de las de la cadena SER. Son tertulias, por lo general, de contenido político. A veces, la pasión de los contertulios hace que se atropellen en sus intervenciones y el oyente sufre porque ese guirigay le impide entender algo. Rara vez se deja a un contertulio intervenir de un tirón. Sí es verdad que, con las interrupciones, la tertulia gana en vivacidad, aunque, en este tipo de rifirrafes, suelen salir perjudicados los mejor educados (o quizá los más tímidos). Después de varios meses de escucharlas, ya uno -aunque torpe- se va dando cuenta de cómo respira cada tertuliano o tertuliana (me refiero a cuáles son sus afinidades políticas e ideológicas) y, antes de que intervengan, uno suele hacer previsiones sobre el sesgo que van a tomar sus respectivas intervenciones. Las hay favorables y reticentes a la política del Gobierno; aunque todas, por lo general y en mayor o menor grado, son críticas con la política del PP. Sin embargo, se adivina en los contertulios un afán de honestidad e independencia de los partidos políticos que les hace creíbles y siempre respetables. Este ciudadano les queda agradecido en la medida que contribuyen a desenmarañar una realidad demasiado compleja.
    Harina de otro costal son las opiniones. Yo desconfío, intuitivamente, de aquellos que dicen "respetar todas las opiniones". Como sostiene Fernando Savater, no todas las opiniones son respetables ni muchísimo menos. ¿Acaso es respetable una opinión racista? ¿O una que fomenta los malos tratos? ¿U otra que alaba el genocidio?... De ninguna manera. Las opiniones son para ser debatidas y debemos alcanzar la madurez de no considerar nuestras opiniones sagradas y a quienes nos las rebaten como enemigos. Como seres humanos todos estamos sujetos al error y es un hecho que todos nos equivocamos más de la cuenta. Por eso, poner nuestras opiniones a debate y aceptar las críticas que sobre las mismas puedan verterse, es un ejercicio de tolerancia saludable. Y un signo inconfundible de madurez. Lo que sí -y siempre- son respetables las personas, aun a pesar de que algunas de sus opiniones resulten inaceptables.



jueves, noviembre 30, 2006

Compradores compulsivos

Compradores compulsivos


Compradora ¿compulsiva?

    Vivimos en una sociedad en la que, aparentemente, "todo" se puede comprar. Eso sí, hay que disponer de dinero. Así que, teóricamente, si dispusiéramos de dinero, "todo" estaría al alcance de nuestras manos. ¿Pero, aun en el caso de que, efectivamente, "todo" lo que se nos antojase lo pudiésemos comprar seríamos, por ese simple hecho, mejores, más felices, más sabios? En primer lugar, hay un problema de tiempo: es limitado y no da para disfrutar de todo. Pongamos, por ejemplo, que nos apasiona leer. ¿Podríamos leer todo lo que nos apetece? Seguramente, no. Siempre tenemos necesidad de priorizar. 
    En mi caso, dispongo de una nutrida biblioteca cuyos libros, en su mayor parte, nunca leeré. Sin embargo, cuando los iba adquiriendo me parecía que iba a poder disfrutar de todos aquellos libros tan interesantes. Lo único que se ajusta más al binomio deseo-consumo son las casetes de música, cintas de vídeo VHS y DVDs coleccionados.
    Con el paso del tiempo, me he ido desengañando de los reclamos publicitarios y antes de ceder al impulso de comprar, prefiero reflexionar sobre la utilidad de la compra. Además, ya casi no dispongo de espacio en casa. Quizá una buena solución es aprovechar los préstamos de la Biblioteca Pública o, en el caso del cine, visitar el videoclub de la esquina.


martes, noviembre 07, 2006

Felicidad

Felicidad

Un paisaje de Cubillas de los Oteros pintado por Lorenzo Gorostiaga

    Cuando pienso en un momento feliz de mi vida evoco el recuerdo de una noche de otoño-invierno en Cubillas de los Oteros, mi pueblo adoptivo, andando campo a través con varios amigos (ahora, no recuerdo quienes) en busca de nidos de gorriones por las casetas de riego de Allá Abajo, en medio de una helada de garabatillo, recién salido de unas anginas, pero feliz de haber recuperado la salud, y el regreso en busca de mis padres (que estaban en la cocina de Cayo, el del bar, con Ángela, la esposa de aquél, viendo por la tele un Estudio 1 a la vez que degustaban unos refrescos, quizá unos Kas de limón). Este recuerdo me devuelve a lo rural y a la adolescencia, cuando no había sufrido todavía pérdidas irreparables. Crecer es eso: perder, sufrir, independizarse, madurar.



domingo, noviembre 05, 2006

La Tierra se hunde

La tierra se hunde



















    Últimamente, los medios de comunicación nos abruman con informaciones, opiniones, informes, sobre el cambio climático, la licuación de los glaciares milenarios y de los hielos polares, la progresiva desaparición de la Amazonia... En cincuenta años, tampoco tendremos pescado que llevarnos a la boca (o no lo tendrán las generaciones futuras porque nosotros ya no estaremos para verlo) si se sigue esquilmando el mar al ritmo actual... La flora y la fauna sufrirán grandes cambios: desaparecerán especies y otras tendrán que adaptarse a la fuerza a las nuevas condiciones medioambientales... En fin, todo un apocalipsis medioambiental del que los seres humanos seremos los principales causantes, en especial los habitantes del llamado Primer Mundo (u Occidente 👉) con el sistema capitalista 👉 que prima el consumo a toda costa y el beneficio económico de las empresas... (sin que otros sistemas económicos -experimentados por la antigua URSS y otros países comunistas- hayan solucionado o, al menos, mejorado esta situación medioambiental).
    Por tanto,  nada de protocolos de Kioto 👉 ni otros camelos globalizadores... Lo importante, para todos nosotros (políticos, empresarios, ciudadanos de a pie) es el aquí y ahora, ya que no estamos dispuestos a renunciar a nada ni a sacrificarnos por nadie...