jueves, marzo 03, 2011

Proceso tortuoso

Proceso tortuoso

¡Cuánto cuesta tomar una decisión!

    ¡Cuánto cuesta tomar una decisión! ¡Cuánto saber lo que verdaderamente quieres! A veces, no cuesta casi nada: las cosas las tenemos super claras y tomar la decisión es cosa de niños. Otras veces, son tantas las implicaciones, las variables, las repercusiones en tantas personas que conlleva la decisión, que no sabes qué hacer ni por qué camino tirar. Entonces, el proceso se vuelve tan tortuoso, tan difícil de manejar, tan agotador, tan doloroso, que quisieras huir de él, escapar, aunque sabes que no puedes dejarlo de lado; que más tarde o más temprano deberás afrontarlo y que, además, nadie te puede ayudar; que eres tú solo el que debes resolverlo. Al final, un buen día te das cuenta de lo que realmente quieres, de lo que te hace feliz, y ese día recobras la calma, la paz, la armonía; te vuelves a sentir bien contigo mismo y con los demás; sueltas el pesado lastre que te agobiaba y vuelves a sonreír: has tomado la decisión correcta y recuperas la fuerza para enfrentarte a las dificultades venideras. En suma: no me jubilo.


lunes, febrero 14, 2011

San Valentín

San Valentín


    Más allá del abuso comercial que los
vivos de siempre: comerciantes avispados, floristas que aprovechan el día señalado para vender una rosa a precio de oro, y toda laya de especialistas en pescar en ríos revueltos; más allá de las perfumerías y de los grandes almacenes cuyo descaro es proporcional al pingüe negocio que barruntan; más allá de parafernalias huecas...; más allá de todo eso, está la celebración sencilla, la sana alegría de constatar el camino recorrido al lado de alguien con quien has compartido casi toda una vida. Alguien con quien te sientes a gusto; en quien confías... y a quien quieres verdaderamente. A ese san Valentín es al que rindo homenaje.


viernes, diciembre 24, 2010

Fuerzas centrífugas y centrípetas

Fuerzas centrífugas y centrípetas
  
Joven con pensamientos confusos
                                                  
                                                                  
    El marasmo en el que algunas veces mi psique se encuentra es debido a una colisión de fuerzas opuestas que la paralizan, sumiéndola en un estado de confusión e inapetencia. Ella proyecta estados futuros en un sentido y en otro: unos -centrífugos- la llevan a proyectar vivencias nunca antes experimentadas, nuevas, pero que se la antojan inconsistentes y banales; otros, centrípetos, la conducen a lo familiar, a lo cotidiano, a lo ya vivido y experimentado; a lo seguro y contrastado. Y estos estados se alternan con frecuencia; pasando de uno a otro en cortos periodos de tiempo. A veces, ella (mi psique) cree que ha alcanzado una solución definitiva, y una de las fuerzas ha prevalecido sobre la contraria, llegando a un equilibrio. Y entonces reposa... pero luego vuelve a la carga y vuelta a empezar. Es como un trastorno bipolar; como la maldición de Sísifo. Como una cinta sinfín que vuelve, vuelve y vuelve...
    ¡Feliz Navidad, amables lectores!


lunes, octubre 04, 2010

Indeciso

Indeciso

Mafalda

    ¡Qué bien cuando lo que hacemos se corresponde con lo que queremos o deseamos! El conflicto surge cuando no sabemos exactamente qué hacer o qué camino tomar. En ese punto llega la duda y el malestar: la indecisión. Si tomo este camino, adónde me lleva; si tomo el contrario, adónde... El problema se agrava a medida que la decisión que, inexorablemente, hay que tomar es de mayor importancia. 
    Por ejemplo, una decisión que sabemos que nos va a condicionar los próximos años de nuestra vida; una decisión que, una vez tomada, no admite marcha atrás. ¿Y si nos equivocamos?... Lo peor es que no tenemos referencias porque se trata de una vivencia personal e intransferible, que sólo sabremos que hemos acertado o nos hemos equivocado cuando ya la vuelta atrás sea imposible.
     Me vienen a la memoria aquellos versos de Antonio Machado: "A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una" 👉. Esa voz interior, diáfana, de la que nos habla el poeta no puede engañarnos, pero habrá que prestar mucha atención para distinguirla de las otras.


lunes, febrero 15, 2010

59 años

59 años

Una señora enchufa su radio
    No sé lo que podrá verse en los próximos 59 años. Quizá el ritmo del progreso sea tan acelerado que las tecnologías más sofisticadas de hoy queden tan obsoletas como un televisor de blanco y negro de mi adolescencia. Los que nacimos recién iniciada la segunda mitad del siglo XX hemos tenido la suerte de conocer un enorme progreso tecnológico, y también la inmensa fortuna de poder disfrutarlo. 
    Cuando vivía con mis padres en Piñel de Abajo 👉(Valladolid), don Paco, el cura, montó un teleclub en el salón parroquial anejo a la iglesia. No recuerdo bien si, para que te dejara entrar,  primero había que saberse el catecismo. Allí los chavales disfrutábamos de las series infantiles de Televisión Española.  Aquellas series eran emocionantes, y a mí, cuando las veía, me entraba un nerviosismo -una mezcla de intriga, ansiedad, temor, no sé- desconocido hasta entonces. La retransmisión de la boda de Balduino y Fabiola 👉 fue de lo más sonado. 
    Llegó la televisión en color siendo ya mozo. Aquello era lo nunca visto; me quedaba embelesado viendo en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos las imágenes en color; era asombroso. 
    Cuando mis hijas eran adolescentes, compré un ordenador 486 con sistema operativo Windows 95, por supuesto sin conexión a Internet, todavía balbuciente, para que ellas se iniciaran en las nuevas tecnologías. En los quince años siguientes, he comprado otros dos ordenadores fijos y un portátil, ahora ya con acceso a Internet por banda ancha. Recientemente, una tele en color con pantalla plana. 
    Si comparara lo que pudo disfrutar en ese periodo de tiempo, en cuanto a nuevas tecnologías se refiere, una persona que tuviese 59 años cuando yo nací, la comparación resultaría especialmente odiosa. Esa hipotética persona quizá hubiera disfrutado solamente de una radio, de esas de tamaño enorme, de forma cúbica, asentadas en una pared de la cocina en un pequeño estante. Ni siquiera de transistor. 
    Este post - que escribo en mi ordenador portátil- se lo dedico a mi hija Miriam, que ahora dice que me lee en la minúscula pantalla de su teléfono móvil cuando va a tomar un café a una cafetería con "zona wifi". 

sábado, noviembre 28, 2009

El Estatut

    El Estatut

Escudo de la Generalidad de Cataluña

    Llevamos unos días de mucha agitación mediática y política a causa de la publicación por doce periódicos catalanes de un editorial conjunto en defensa del Estatut, muy aplaudido y refrendado por los partidos políticos catalanes y otras instituciones, incluido el Barça, previendo un fallo del Tribunal Constitucional desfavorable a algunos de sus artículos más polémicos. La cuestión no es fácil de entender desde esta parte de España ni de resolver sin menoscabo de la función de tan alto tribunal. Entramos en el mudable y espinoso campo de los sentimientos, nada compatible con el ser racional. Lo que sientan los catalanes es cosa suya, en la que no podemos entrar, ya se sientan catalanes únicamente o catalanes y españoles. Sí, en cambio, podemos estar en desacuerdo con la presión que se está ejerciendo sobre los miembros del Tribunal, conminándolos a emitir un fallo en el sentido demandado por las instituciones y prensa catalanas. No es bueno para nuestro Estado de Derecho presionar ni descalificar a la instituciones democráticas, sean quienes sean los descalificadores: partidos políticos, medios de comunicación, etcétera. Los catalanes hablan a menudo de la incomprensión que suscitan en otras partes de España, pero ellos muchas veces -con su exclusivismo- nos lo ponen fácil. Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce.



viernes, octubre 16, 2009

Ilusiones

Ilusiones

Gabriel García Márquez

    Las ilusiones se refieren más bien al futuro. Es decir, las vivimos en el presente pero con una proyección futura. En ese alocado transcurrir del pensamiento proyectamos deseos, venideras realizaciones, situaciones, con los que supuestamente lograríamos un estado de plena felicidad. Creemos que, cuando estemos liberados de ataduras presentes, por ejemplo, el trabajo, podremos realizar aquello que más nos gusta, vivir una vida más plena, en definitiva, realizar nuestros sueños...
    Lo malo de estas eufóricas emociones es su alejamiento del mundo real. Las experimentamos en unas circunstancias personales que pueden cambiar en el futuro (la salud, sin ir más lejos, ya sea física o mental, o las relaciones con las personas que queremos) transformando lo antes apetecible en aborrecible. No es malo tener ilusiones, ni alejarse por unos momentos de la cruda realidad; lo malo es creérselas a pies juntillas, sin matices, engañarse a uno mismo. Bien están las ilusiones, la esperanza, que nos animan a seguir en la brecha y a trabajar por un mundo mejor.