lunes, febrero 04, 2008

Carnaval, carnaval...

    Carnaval, carnaval...

    Ya pasaron largamente los tiempos en los que el carnaval era considerado como algo prohibido, pecaminoso incluso, vetado por la Iglesia y consentido a duras penas por una dictadura que trataba de mirar hacia otro lado... pero del que los jóvenes de entonces procurábamos disfrutar intensamente, yendo a aquellos sitios donde se permitía una mayor transgresión de lo pacatamente establecido.
    La Bañeza era entonces el lugar idóneo para disfrutar del carnaval y allí nos trasladábamos, ya por la tarde, para cenar en cualquier bar bañezano y luego vivir en la madrugada la magia carnavalesca que las gentes de esta zona saben imprimir a esta celebración. Recuerdo regresar a casa a las seis o las siete de la mañana y, poco después, volver a coger el R-6 para ir a Corbillos de los Oteros, donde ejercía mi profesión de maestro. El cansancio postcarnavalesco formaba parte de aquel ritual y constituía el inevitable peaje por la mágica noche disfrutada. Además, era un cansancio bienhumorado y llevadero, mucho más soportable que el de mis amigos labradores, a quienes esperaba una dura jornada de trabajo.
    Hoy en día todo me parece más artificioso y uniformado: las fiestas parecen un remedo de lo que fueron, como algo que suena a falso. Únicamente queda el inocente desparpajo de los niños, que, embutidos en sus disfraces, son capaces de arrancarnos una sonrisa.


martes, enero 01, 2008

Año Nuevo, ¿vida nueva?

Año Nuevo, ¿vida nueva?


   
 Hace un día de niebla, malo y frío, este primer día del año 2008. Cuando salí por la mañana, a las diez, a dar un corto paseo me encontré con algunos trasnochadores que, un tanto desarmados, regresaban a sus casas. No los envidié aunque tampoco los compadecí: venían de cumplir un ritual ancestral, el de recibir al Año Nuevo despiertos, bebiendo, cantando y bailando.
    Por mi parte, para recibir al Año Nuevo, tomé las uvas apoyado en el pie derecho y con el izquierdo levantado, para entrar con buen pie, según la tradición. ¿Qué sorpresas nos reserva este año bisiesto? No lo sabemos, pero podemos aventurar que algunas cosas cambiarán a peor, por desgracia: las guerras y hambrunas, el deterioro incesante del planeta, el terrorismo sin norte ni sentido... ¿Conoce límites la ambición del género humano?, ¿estamos abocados a la autodestrucción?...
    En cualquier caso, ¡Feliz Año Nuevo, amigos lectores!


lunes, noviembre 26, 2007

Un hombre llamado Caballo


Un hombre llamado Caballo

Imagen copiada de FilmAffinity

    Como recordarán mis amigos lectores, Un hombre llamado Caballo es el título de una película del Oeste, en la que el actor británico Richard Harris desempeña un papel estelar. Llama la atención la universalización del racismo, ya que, en el poblado de los indios, es el blanco el raro, el discriminado, el insultado, el postergado... Es el hombre blanco el que tiene que hacer el esfuerzo de integrarse, de aprender un nuevo idioma, nuevas costumbres sociales, adaptarse a exóticas comidas... De tal forma se esfuerza nuestro héroe que acaba siendo líder del pueblo indígena que lo acogió y que está siendo perseguido por los blancos depredadores y codiciosos; un pueblo con valores como el de la acendrada amistad, la lealtad al líder, el respeto a los ancianos... Valores nada en boga en nuestros pragmáticos días de "hágase usted rico meteóricamente y por encima de todo", aunque para ello se deba pisotear los derechos de los más débiles...

(Un beso a mi hija Miriam)




lunes, octubre 15, 2007

Tiempo de otoño


Tiempo de otoño

    Cada día que pasa vamos adentrándonos más en el otoño, con sus días más cortos y sus noches más largas. El hogar recobra la importancia que tuvo en el invierno y experimentamos cierto placer en recogernos, a salvo de las inclemencias del tiempo. La lectura puede ser un buen entretenimiento para llenar el tiempo de asueto, quizá mucho más provechoso que esos programas de televisión insulsos e, incluso, horteras.
    A propósito de libros, este verano acabé de leer uno, iniciado y dejado varias veces, que se titula Sombras sobre el Hudson, de Isaac Bashevis Singer, un autor de origen judío -ya fallecido- que escribía en yiddish, y logró el premio Nobel de literatura. La historia está ambientada, como sugiere el título, en la Nueva York inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial y son varios los personajes (no sé si a esto se le llama obra coral) que entrelazan sus historias, todos ellos marcados indeleblemente por la tragedia judía, causada por el nazismo. Nos ilustra de forma amena y precisa sobre las tradiciones y ceremonias del judaísmo, con un lenguaje rico y preciso, en medio de la vorágine de unos personajes inseguros, vacilantes, que han perdido todas las esperanzas y se aferran a la vida en una huida compulsiva de sí mismos.

(Un saludo a Raúl)



viernes, junio 22, 2007

Maestros y maestras republicanos

Maestros y maestras republicanos

Maestras republicanas

    Estoy leyendo el libro de María Antonia Iglesias Maestros de la República (los otros santos, los otros mártires). Es un libro denso, donde se relatan con minuciosidad once casos de maestros represaliados por el franquismo. Hay que atarse los machos antes de ponerse a leerlo, por la dureza de los relatos, por la villanía de los represores. Afloran siempre las cuentas personales pendientes, las envidias y venganzas de los delatores, la crueldad y la impiedad de los verdugos. Es especialmente horrendo el crimen de Arximiro, un maestro gallego, al que sus torturadores le cortaron los testículos y la lengua y le sacaron los ojos antes de fusilarlo. Estas atrocidades contrastan con la bonhomía de los represaliados, excelentes personas, con sus ideas republicanas y que, ingenuamente, nunca entendieron ni aceptaron el porqué se les condenaba si todo su anhelo fue el de hacer el bien a los demás, entregados en cuerpo y alma al noble arte de educar a unas masas analfabetas, a unos niños y niñas que los adoraban y de los que guardan indelebles recuerdos. Él único delito de estos mártires, no reconocidos por la Iglesia, fue su dedicación a los más débiles, a los pobres, algo que molestaba enormemente a los caciques o ricos del pueblo. Acusados falsamente, vejados, humillados, apartados de sus escuelas, privados del cariño de sus familias, injustamente juzgados en juicios sumarísimos por tribunales ya predispuestos de antemano a condenarlos, estos maestros y maestras republicanos -que tan bien encarnaron el ideal de la República de sacar del atraso y la incultura a aquella España y que gozaron de una gran vocación y preparación profesional- merecen todo mi respeto y cariño. Algunas veces me pregunto cómo hubiera sido España de haber triunfado la República; es difícil imaginárselo, pero yo me siento estafado por un franquismo castrador y violento, represor y enemigo del progreso. Después de cometer sus fechorías, los torturadores, entre grandes risotadas, presumían en los bares de haberlas realizado...


lunes, junio 18, 2007

Mantener el blog

Mantener el blog


    Al principio, con las cosas que entrañan novedad, nos las prometemos muy felices. En nuestro magín elucubramos la cantidad de cosas que podríamos hacer, el partido que las podríamos sacar, etcétera. Así me sucedió  con este blog, que me confeccionó mi hija Miriam, pues yo ni siquiera sabía de qué iba la cosa. Luego, tras los primeros escritos, y el ánimo que me proporcionó Raúl, un lector incondicional, seguí manteniéndolo con bastante entusiasmo. Más tarde, por unos u otros motivos, me he ido despegando un poco de él. (Creo que ya hace bastante tiempo que no escribo nada). Sin embargo, me sigue pareciendo un buen invento y estoy seguro de que merece la pena seguir manteniéndolo. De momento, por hoy me despido, pero... volveré.



jueves, abril 19, 2007

Necrológica

Don Félix

Don Félix con algunas feligresas

    Félix Esteban Astorga se ausentó un día de esta primavera, a finales de marzo, silenciosamente. Don Félix, como le llamaban los niños y niñas del colegio público “Puente Castro”, a quienes enseñaba religión católica en los años en que lo conocí, era, además, un sacerdote muy querido en el barrio de Puente Castro, donde ejercía de coadjutor. Hombre de acendrados valores cristianos, desarrollaba su vocación pastoral con abnegación y sencillez. Persona tolerante y compañero solidario, siempre gozó del aprecio de todos cuantos lo conocimos y nos sentimos honrados con su amistad.
    Últimamente, a pesar de que la enfermedad que padecía desde hacía tiempo había debilitado seriamente su salud y de los consejos disuasorios de sus familiares, no faltaba a su cita con los ancianos de la residencia de las Hermanitas de los Pobres, de la calle Corredera. A duras penas podía oficiar la Santa Misa, pero él allí estaba, inasequible al desaliento, fiel a su compromiso. “Mientras el cuerpo aguante, iré”, tranquilizaba a su hermano, cuando éste le aconsejaba que se quedara en casa.
    ¡Descansa en paz, querido Félix!