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| Inmaculada Concepción de Murillo. Museo del Prado, 1678. Tomada de Wikipedia👉 |
Me refiero a la fiesta patronal de Gigosos de los Oteros 👉, que se celebra el 8 de diciembre.
Cuando llegamos a Gigosos, en septiembre de 1961, yo tenía 10 años de edad. A mi padre le habían adjudicado la plaza de maestro de Cubillas de los Oteros en el concurso de traslados (proveníamos de Piñel de Abajo, un pueblo de la provincia de Valladolid). Como se estaba construyendo la vivienda del maestro en Cubillas, en un solar anejo a la escuela, y no teníamos donde vivir, el Ayuntamiento nos alquiló una casa en Gigosos, donde nos instalamos toda la familia, además de mi padre, mi madre, mi hermana y yo. Mi hermana y yo asistíamos a la escuela mixta de Gigosos, regentada por una maestra, creo que doña Amada, para evitarnos la caminata a las escuelas de Cubillas, que mi padre tenía que hacer 2 veces al día, pues venía a comer con su familia. Enseguida simpatizamos con los otros niños y niñas que asistían a la escuela e hicimos amistad con algunos de ellos.
La fiesta de la Inmaculada era esperada con ansiedad por los chavales de aquella época. Íbamos contando los días que faltaban para la fiesta con ilusión y cierta impaciencia. Alguno decía: "La Purísima ya andará por la Lagunica" (una pequeña laguna que hay en la parte baja del pueblo, cerca de la carretera, que entonces tenía bastante agua que se helaba en invierno (era un gozo infantil y un reto pisar encima del hielo, que se iba resquebrajando, y tantear si resistiría nuestro peso) y en verano se poblaba de ranas que croaban ruidosamente (a veces venía un ranero, creo que de Mansilla de las Mulas, a pescarlas; nos impresionaba verle cortarles las ancas con unas tijeras grandes y, en el suelo, a su alrededor, las ranas mutiladas, todavía vivas).
Cuando por fin llegaba la fiesta, nos levantábamos prestos de la cama para arreglarnos y asistir a misa, que oficiaba don Joaquín, el cura. Luego jugábamos o paseábamos con los hombres por la carretera, flanqueada de chopos, mientras las mujeres se afanaban en cocinar ricos guisos y otras delicias culinarias para que los esposos, hijos e invitados disfrutasen de la comida festera. Por la tarde, los chavales y chavalas del pueblo junto con los amigos de otros pueblos cercanos recorríamos las calles y en la plaza comprábamos golosinas en los puestos de vendedores venidos para la ocasión. Al anochecer, la orquesta empezaba a tocar las canciones de moda y los chicos y chicas ensayábamos bailes o corríamos entre las parejas de bailarines, a los que molestábamos con nuestros gritos y carreras... En suma, una fiesta feliz y dichosa, aunque al final termináramos extenuados de tanto ajetreo.
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2 comentarios:
Acabo de leer tu escrito y me ha encantado, por los recuerdos tan agradables que me ha provocado
Saludos amigo Luis
He entrado por casualidad en el blog y he visto tu amable comentario. Gracias. Sí que era una bonita fiesta la de Nuestra Señora en la que los chavales y chavalas de Gigosos y Cubillas lo pasábamos en grande. Un abrazo grande, Fernando
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